Durante años, la conversación sobre ciberseguridad se ha centrado en ataques, brechas y amenazas externas. Sin embargo, muchos de los riesgos digitales más frecuentes no llegan como incidentes evidentes ni generan alertas inmediatas. Se integran silenciosamente en la rutina diaria, normalizados por la necesidad de conectarnos, trabajar, comunicarnos y acceder a servicios digitales.
Este tipo de riesgo no se percibe como peligroso porque no se manifiesta como un “ataque”. Aparece en contextos cotidianos: redes compartidas, dispositivos ajenos, permisos aceptados sin revisar o accesos realizados desde entornos que no controlamos.
En esta cápsula de la Ciberacademia, analizamos uno de esos escenarios frecuentes (el uso de redes públicas) para explicar cómo funciona el riesgo a nivel técnico, por qué suele pasar desapercibido y qué implica gestionarlo desde el criterio y no desde el miedo.
El contexto importa más que la acción
Conectarse a internet desde un café, un aeropuerto, un hotel o un espacio público no es una mala práctica en sí misma. En muchos casos, no es siquiera una elección: es la única forma disponible de acceder a la red.
El riesgo no está en la acción aislada de conectarse, sino en el contexto técnico en el que ocurre esa conexión y en el nivel de control que el usuario tiene (o no tiene) sobre ese entorno digital.
Desde la gestión del riesgo, esto implica dejar de preguntarnos únicamente qué hacemos en línea, y empezar a analizar desde dónde, en qué condiciones y con qué nivel de exposición.
¿Qué ocurre técnicamente cuando te conectas a una red Wi-Fi pública?
Cuando una persona se conecta a una red pública (café, aeropuerto, hotel), se activan varios procesos técnicos que suelen pasar desapercibidos para el usuario. Entenderlos permite comprender por qué hablamos de riesgo digital silencioso.
1. La red no es tuya ni conoces su configuración
Toda red Wi-Fi pública se basa en una infraestructura administrada por terceros. Técnicamente, esto implica:
- Un router o punto de acceso que no controlas
- Una configuración de seguridad que no es visible para el usuario
- Reglas de enrutamiento, monitoreo y segmentación definidas por quien administra la red
Desde la perspectiva del usuario, esto significa que no hay forma sencilla de saber:
- Si la red utiliza cifrado adecuado
- Si el tráfico es registrado o inspeccionado
- Si los dispositivos están correctamente aislados entre sí
En ciberseguridad, esta situación se conoce como pérdida de control del entorno de red. El usuario opera en una infraestructura cuya postura de seguridad desconoce por completo.
2. Tu tráfico viaja por infraestructura compartida
Cada vez que accedes a:
- Correo electrónico
- Redes sociales
- Aplicaciones móviles
- Plataformas personales o laborales
Tus datos siguen un recorrido técnico específico:
- Salen de tu dispositivo
- Pasan por el router de la red pública
- Viajan por la infraestructura de red hasta llegar al servidor de destino
En una red pública, este trayecto es compartido con múltiples usuarios, lo que introduce varios factores de riesgo:
- No existe un aislamiento fuerte entre dispositivos
- El tráfico circula por un entorno común
- Un actor malicioso conectado a la misma red puede observar patrones o interferir el tráfico
Este escenario se denomina exposición del tráfico en redes no confiables, y es una de las principales razones por las que las redes públicas se consideran entornos de riesgo elevado.
3. Parte de la información puede ser interceptada sin señales visibles
Aunque hoy muchas aplicaciones utilizan cifrado (HTTPS), eso no elimina completamente el riesgo. En redes públicas mal configuradas o comprometidas pueden darse escenarios reales como:
- Captura de metadatos (qué aplicación usas, cuándo, desde dónde)
- Explotación de sesiones activas ya autenticadas
- Ataques de intermediación (Man-in-the-Middle)
Lo más relevante desde la gestión del riesgo es que:
- No hay alertas visibles para el usuario
- Las aplicaciones siguen “funcionando normal”
- El compromiso puede pasar completamente desapercibido
Por eso hablamos de riesgo silencioso, no de un ataque evidente o inmediato.
Del riesgo técnico al impacto real
Cuando terceros acceden a información, credenciales o sesiones activas, las consecuencias no suelen ser inmediatas ni espectaculares, pero sí relevantes:
- Suplantación de identidad
- Acceso no autorizado a cuentas personales o laborales
- Uso indebido de accesos activos
- Exposición de información sensible
El problema no es el hábito en sí mismo, sino la normalización de la exposición sin conciencia del contexto.
Gestionar el riesgo no es evitar, es decidir mejor
Gestionar el riesgo digital implica:
- Entender el entorno desde el que nos conectamos
- Reconocer cuándo perdemos control del contexto
- Tomar decisiones informadas según el nivel de exposición
No se trata de desconectarse del mundo digital, sino de comprender los riesgos invisibles que acompañan la conectividad cotidiana.
Muchos riesgos digitales no llegan como ataques. Se integran en lo cotidiano, en lo necesario, en lo que hacemos sin pensar.
Aprender a identificar estos escenarios es el primer paso para gestionarlos de forma consciente y responsable.
Este artículo es parte de una serie de cápsulas educativas de la Ciberacademia de Pensando Ciberseguridad, donde exploramos cómo el riesgo digital aparece en hábitos diarios y cómo desarrollar criterio para enfrentarlo.





